Un viaje al miedo de la libertad: La teta asustada, lo mejor del nuevo cine latinoamericano

Published on April 25th, 2012

por Mario Galván Reyes


 Si acaso allí te hicieron el mal

No sería para caminar llorando

No sería para caminar sufriendo.

Búscate, búscate

Tu alma perdida en tinieblas

Búscate en la tierra,

Búscate.

Fausta

Actualmente el cine latinoamericano pasa por un momento de mucha proyección internacional, pues lejos de ser una fábrica de sueños como en algún tiempo lo fue, ahora busca ser un agente social de cambio, como elemento didáctico que explique la realidad con detalles mágicos de su folclor y cultura.

En abril de 1985 se creó la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano bajo la dirección de Gabriel García Márquez, excelso novelista e incansable difusor cultural. Desde entonces ha sido una institución que trabaja en aras de la integración del cine regional, de lograr un universo audiovisual común y de cooperar en la lucha por rescatar y afianzar la identidad cultural de América Latina y el Caribe. En su base de datos se encuentran registrados 3010 directores, de los cuales su mayoría no rebasan los 38 años de edad. Es decir, existe un medio prolífico con una oferta cinematográfica variada y realizada por jóvenes directores.

 Así, una nueva generación de cineastas ha tomado la responsabilidad de ejercer no sólo un trabajo estético sino ilustrador, de denuncia, que rompe paradigmas estéticos y propone un nuevo lenguaje cinematográfico. Una de las integrantes de esta nueva oleada es Claudia Llosa, joven directora peruana, quien a sus 35 años presume en su haber 2 largometrajes exitosos: Madeinusa y La teta asustada, trabajos ganadores de 9 premios y otras menciones en distintos festivales mundialmente reconocidos.

A continuación describiré detalladamente los aspectos importantes de La teta asustada; a mi parecer una obra relevante para el contexto actual de América Latina y el medio cinematográfico dado sus valores narrativos, temáticos y estéticos.

La cinta cuenta la historia de Fausta, una singular chica perturbada por el pasado que vivió su madre, una indígena quechua que fue violada por un soldado militar durante la época de terrorismo en Perú. Como consecuencia Fausta desarrolla miedo y repulsión por el tacto humano, especialmente de los hombres, tema que se abordará a lo largo de la película. Tal es su obsesión que para evitar ser penetrada se introduce una papa en la vagina, pues “sólo el asco detiene a los asquerosos”, cuyas raíces se expanden por su vientre produciendole una infección. Tales síntomas aparentemente patológicos son atribuidos, según un mito popular entre la gente de su comunidad, a una enfermedad que le fue heredada a través de la leche materna, conocida como “la teta asustada”. Es por eso que observamos a una protagonista pasiva, indiferente y absorta en la deriva. El alma le fue robada al contraer la enfermedad, “porque del susto se escondió en la tierra”.

Complementando su perfil enfermizo, Fausta sufre constantes desmayos y sangrados nasales a lo largo de la película, lo cual podría confirmar su enfermedad, sin embargo, el médico desmiente los mitos y afirma que clínicamente no está enferma, pero que Fausta debe ser intervenida quirúrgicamente para extraer el tubérculo y evitar futuras infecciones. La papa como método anticonceptivo y también como símbolo del germen de la enfermedad que atañe a Fausta.

La directora misma ha dicho que la película tiene la intención de crear conciencia en la conservación de la memoria histórica por las víctimas del terrorismo guerrillero y de las fuerzas del orden de los años 80 y 90 en el Perú, una época en la que se cometieron asesinatos, desapariciones y violaciones a los derechos humanos.

La trama se desarrolla intencionalmente en un ritmo semi-lento que no resulta pesado o aburrido, sino por el contrario transmite una atmósfera de realismo mágico a partir de la descripción de pequeños y abundantes detalles del imaginario colectivo de una comunidad que, marginada de la ciudad, manifiesta diversos rasgos mestizos latentes en su folclor. Este detalle se complementa visualmente con el empleo de planos abiertos, paisajes desérticos y secuencias largas, acompañadas de las melodías melancólicas de las canciones que canta Fausta.

En cuestiones narrativas, el conflicto dialéctico de la cinta comienza desde el principio con la muerte de la madre de Fausta, pues al quedar desamparada emprende el camino hacia el miedo de la libertad. El camino se torna pedregoso pues ante su carencia económica se ve obligada, en una situación inhumana, a guardar el cuerpo de su difunta madre, ya embalsamado, debajo de su cama. Su vida ha dado un giro, pues ahora debe afrontar el mundo aun con sus propios complejos para sublimar su propósito y darle entierro a su madre. Como apoyo sólo cuenta con su tío y familia, quien no puede ayudarle económicamente ya que caprichosamente ha gastado todo su dinero en la próxima boda de su hija, Máxima. Esto lleva a Fausta a emigrar a la ciudad, donde consigue un empleo como sirvienta en casa de una pianista adinerada.

A pesar de la diferencia de clases y su recurrente pedantería, la señora y Fausta establecen un vínculo singular basado en el gusto por la música. La voz privilegiada de Fausta llama la atención de la señora, que con alevosía y ventaja adapta sus canciones al piano y las ejecuta en un recital, obteniendo los aplausos del público mientras Fausta aguarda cautelosa en bambalinas. Rasgo peculiar de los conflictos de clase, detrimentos del imperialismo que domina a los pueblos latinoamericanos y que Llosa puntualiza en la película a través de esta relación oportunista. No obstante la música es un elemento vivo en esta cinta y un recurso cinematográfico importante, ya que el concepto de la música es un rasgo puramente indígena. En el caso de la madre, la manera de canalizar o sobrellevar su trauma fue compartirlo con su hija y hacerla partícipe de él. Fausta encuentra consuelo recitando canciones que le enseñó su madre desde pequeña porque “quien canta, su mal espanta”.

En la casa donde sirve conoce a un jardinero que comparte el lenguaje quechua y quien se convierte en un confidente y amigo que le ayuda a comprender su situación. Durante diversos pasajes de la película con carga dramática, Fausta establece diálogos con el jardinero en este dialecto. La directora peruana lo emplea inteligentemente como un recurso cinematográfico para cuestionar los convencionalismos del lenguaje y a su vez resalta la importancia de la preservación del dialecto quechua.

Otro tema latente es la tosquedad y la falta de tacto del hombre. La belleza indígena de Fausta llama la atención de muchos pero ella se mantiene distante. El hombre, su tosquedad y su falta de tacto le repugnan, y no es para espantarse ya que es una realidad, como el caso de aquel que la intenta seducir con la frase “si el rojo es el color de la pasión, báñame entonces con tu menstruación mamita rica”. Por eso, Fausta le pide al  jardinero que le muestre las manos, porque ve a un hombre que trata a sus semejantes con la firmeza y calidez que exige una flor.

Entre otras cosas, la propuesta visual de la película es espléndida. De acuerdo al tema, predominan los tonos oscuros que ocasionalmente se llenan de color con las festividades de las bodas y el paisaje desértico del llano. Ahí las bodas aparecen como el elemento más folclórico, vivo y colorido, como una fiesta popular cuyas secuencias recuerdan a algunos pasajes de películas de Fellini. Imágenes cautivadoras que revelan una profundidad poética como alegoría al elemento dramático en cuestión, por ejemplo la escena donde encuentran una muñeca desenterrada. Dice la señora de la casa: “Esta era mi muñeca de chiquita. Me dijeron que si la enterraba luego la tierra se la llevaba y ya nunca la encontrarás. Me mintieron”. Igualmente la escena en la que ambas recogen en cuclillas las perlas de un collar roto es cautivadora, entre muchos otros fotogramas que pasan por ser pinturas.

Los símbolos forman parte de la propuesta cinematográfica de la directora: Las perlas, el piano, la papa y la muñeca son elementos que refuerzan los conectivos lógicos del elemento dramático en cuestión y enriquecen visualmente el desarrollo de la historia.

La película tiene diversos matices. En un primer nivel de lectura se observa el duelo de Fausta ante la muerte de su madre, sin embargo, conforme se desarrolla la trama podemos distinguir los orígenes de este supuesto mal, la situación de los indígenas quechua, los conflictos de clase en la ciudad, así como la intimidad de la mujer.

Este nuevo cine latinoamericano atiende demandas sociales, esboza críticas sociales. A fin de cuentas, la estética del cineasta es su ética, su política. En esta historia existe un compromiso hacia la demanda de nuevas formas de entender esta realidad mestiza y contribuir en la conservación de sus costumbres poco a poco más desarraigadas.

En resumen, La teta asustada es una muestra de un joven pero maduro cine latinoamericano, una película  narrativamente innovadora, visualmente espléndida y sobretodo objetiva, que expone los ecos de un hecho histórico atroz como lo fue la violación de mujeres. Principales elementos que permiten elevarla a la categoría de un clásico de nuestros tiempos.


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